Page 7 - ALEJANDRA DE LEÓN SOLIS TESIS
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jóvenes, el cielo ya no es cielo para mí”. Pero sobre todo, gracias por cada puntada que dieron
en mí como un acto de puro amor; gracias por armar, juntas, un traje para el Señor.
A las niñas que viven en la Aldea Infantil Pepita de Valle Arizpe, gracias por enseñarme a mirar
la vida con esperanza, alegría y ternura. Cada abrazo, sonrisa y experiencia marcó mi corazón,
gracias por hacerme familia.
A mis amigas, Alejandra Salas, Fernanda Alvarado, Itzayana Loredo y Valeria Puente, gracias
por haber sido parte de esta aventura. Por aprender conmigo que la amistad también es
sostenerse en los días difíciles, impulsarse cuando alguna sentía que ya no podía y nunca soltar
de la mano el amor por esta carrera que nos unió. Gracias por cada risa, cada crisis compartida y
hasta la “funa” parecía querer apagar nuestra esencia. Gracias por seguir siendo las mismas de
siempre: auténticas, fuertes, leales y llenas de sueños.
A Emmanuel Treviño, Maximiliano Constante y Yuliana Pardo, gracias por estar presentes
incluso en el silencio, por acompañarme desde la distancia con sus oraciones, sus palabras y su
cariño sincero. En los momentos más difíciles, su apoyo fue una fuerza que sostuvo mi corazón
sin necesidad de grandes explicaciones. Gracias por esa paz que transmiten, por hacer ligera la
carga y por demostrarme que hay personas cuya sola presencia reconforta el alma. Sus abrazos,
su escucha y su manera de permanecer han sido un regalo invaluable en este camino.
A la maestra Claudia Vázquez, gracias por enseñarme que la educación especial no solo se
estudia, sino que se vive con el corazón. Su pasión y amor por esta carrera fueron el impulso que
necesitaba para descubrir en ella mi propia vocación. Gracias por su acompañamiento constante,
por su calidez maternal, por cada consejo y cada palabra que sostuvo mi camino en los
momentos más difíciles.

