Page 94 - DIANA SAYURI RIVERA RAMÍREZ TESIS
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estar ahí con él, acostarnos, ver tele y sobarle sus manitas”. En otros casos, los progenitores

                optaban por separar a los hermanos si la irritación provenía de alguna interacción entre ellos.
                Así lo relató uno de los participantes.


                       Las explosiones de enojo fueron narradas como episodios intensos, difíciles de gestionar

                y emocionalmente desbordantes tanto para los hijos para sus cuidadores. En algunos casos, los
                padres y las madres preferían dejar que el enojo fluyera y se disipara por sí solo utilizando

                técnicas de extinción de la conducta. En contraste, hubo quienes intervenían activamente para

                contener la emoción. Entre las formas más comunes se mencionaron los abrazos, la contención
                física y verbal, y la distracción, utilizando el cambio de estímulos. Una madre relató que,

                aunque su hijo tendía a alterarse con facilidad, particularmente en situaciones médicas como
                visitas al dentista, intentaba siempre de contenerlo físicamente, aunque reconocía con

                preocupación que ya tenía mucha fuerza y era complicado sostenerlo, evidenciando el desgaste
                emocional de esos momentos.

                       Algunos participantes señalaron que los episodios de enojo se manifestaban junto con

                conductas desafiantes, como arrojar objetos. Una madre relató que, en estos casos, si el intento
                de calmar a su hijo mediante abrazos no resultaba efectivo, optaba por elevar el tono y la

                firmeza de su voz con el objetivo de hacerle ver que dicha conducta no era apropiada,

                recurriendo así a técnicas de corrección verbal.



                       El paseo, utilizado como una técnica de cambio de estímulos, también emergió en los

                relatos de las madres. Una de ellas mencionó que llevar a su hijo a caminar contribuía
                significativamente a su autorregulación. Señalo, además, que aprendió esta estrategia a partir de

                la lectura de un libro relacionado en el autismo.


                       Varios testimonios reflejaron que los abrazos y las muestras de afecto constituían un

                recurso fundamental para madres y padres, incluso en momentos de frustración ante la dificultad
                de saber cómo ayudar. Un participante comentó: “Para mí todo es abrazarlo, apapacharlo”

                destacando que, a pesar del diagnóstico, su hijo aceptaba e incluso buscaba el contacto físico
                con quienes le demostraban cariño. Este comportamiento sugiere la efectividad de las técnicas



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