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Ahora bien, Sánchez et al. (2008) establecen que dentro de un método sensorial de
aprendizaje de la lectura y la escritura se trabajan las siguientes pautas, combinadas con la dieta
sensorial descrita en párrafos previos:
• Se trabaja la lectura y escritura al mismo tiempo, al igual que las mayúsculas y las
minúsculas.
• Primero se trabajan las vocales para continuar con las consonantes.
• En cada grafía o fonema se usan el mayor número de canales sensoriales, por
ejemplo, reconocer las letras de lija, usar colores, segmentación silábica, motricidad
fina, uso de onomatopeyas, degustar alimentos, entre otros.
• Incluir aspectos motivantes como parte del éxito, la motivación, precisión y
seguridad en la lectura y la escritura.
• No se debe de pasar a estudiar una grafía o fonema hasta que el anterior esté
asimilado. (p.12)
Mientras tanto, Lázaro et al. (2012) propone el uso de cuentos multisensoriales puesto
que dan la oportunidad de “compartir […] una historia vivenciada, con protagonistas que sienten
y se emocionan, en una secuencia ordenada que les ayuda a anticipar lo que va a suceder o que
los sorprende ayudándoles a construir nuevos esquemas mentales” (p. 170) al incorporar
recursos, materiales y una narración que acrecienta la entrada sensorial en el sistema visual,
táctil, auditivo, propioceptivo, vestibular, gustativo y olfativo.
A su vez, se puede complementar el trabajo que estructura Álvarez et al. (2010) en su
programa de estimulación de cada sistema sensorial con la musicoterapia, la aromaterapia, el
juego y la estimulación basal. En todo caso, estos últimos autores reconocen que las sensaciones
del alumno son experiencias únicas y personales, por lo que el docente debe respetar el modo en
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