Page 121 - VALERIA GUADALUPE PUENTE GALINDO INFORME
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la curiosidad de los niños.  No obstante, hay un sector de la población infantil que se


               desenvuelve en ambientes vulnerables y peligrosos, incluso desde las condiciones en el vientre

               materno, mismos que obstaculizan y condicionan la consolidación de funciones primordiales.


               Tal es el caso de experiencias traumáticas, enfermedades, exposición a sustancias tóxicas,

               desnutrición, violencia intrafamiliar,  maltrato, abandono, estructura familiar difusa, omisión de

               cuidados, abuso, conflictos familiares, entre otros.



                       En estas situaciones, “el maltrato o las carencias sensoriales  tempranas pueden dejar

               huella en el cerebro conforme se adapta en el ambiente en que debe vivir el niño […] de manera


               similar, las experiencias enriquecedoras pueden […] equilibrar alguna deprivación en el pasado”

               (Papalia y Martorell, 2015, p. 114).  Este postulado tiene dos vertientes, en un primer momento,

               las situaciones de desprotección y riesgo no permiten que los niños aprovechen los periodos


               críticos y sensibles donde el cerebro cuenta con las mejores condiciones neuronales para

               aprender (primeros siete años de vida), por consiguiente, pueden presentarse dificultades para


               adquirir habilidades que son más fáciles de adquirir en esta fase.  Por otra parte, gracias a la

               plasticidad cerebral y a una intervención temprana se pueden compensar estas deficiencias con


               experiencias sensorialmente diversas.


                       En este aspecto, los participantes de la investigación se enfrentan a situaciones de

               desequilibrio y amenazantes por su contexto familiar adverso, además de la presencia de un niño


               institucionalizado en Casa Hogar.  En dichas circunstancias, se han detectado problemas de

               procesamiento sensorial a nivel sistema vestibular, táctil, propioceptivo, auditivo y olfativo,


               además de complicaciones en funciones ejecutivas, habilidades sociales, conducta, problemas

               motores y baja coordinación (Muñoz y Barrios, 2019), es decir, repercusiones físicas, cognitivas


               y psicosociales.


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