Page 62 - KAROL DANIELA MORALES VERÁSTEGUI INFORME
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Por otro, se identifican conductas relacionadas con la convivencia y el respeto, como
actitudes desafiantes, burlas o conflictos con compañeros y adultos. Asimismo, existen
comportamientos que generan un clima emocional negativo, como la apatía, la provocación
constante o la búsqueda reiterada de atención mediante interrupciones.
Es fundamental reconocer que las conductas disruptivas no deben interpretarse únicamente
como actos de indisciplina, sino como expresiones conductuales que responden a múltiples
factores interrelacionados.
En el caso de los alumnos atendidos en el CAM, dichas conductas se encuentran
estrechamente vinculadas a sus condiciones de discapacidad, tales como la discapacidad
intelectual, el síndrome de Down, el Trastorno del Espectro Autista (TEA), la discapacidad motora
o la discapacidad múltiple, así como a las Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP)
presentes en su contexto educativo y social.
Desde el enfoque de la educación especial, se reconoce que muchos de los
comportamientos disruptivos están relacionados con dificultades en las funciones cognitivas y,
especialmente, en las funciones ejecutivas. De acuerdo con Barkley (2012), define las funciones
ejecutivas como un conjunto de procesos cognitivos superiores que permiten al individuo
autorregular su conducta, planificar acciones, inhibir respuestas impulsivas, mantener la atención,
regular las emociones y adaptarse a las demandas del entorno. Estas funciones incluyen la
inhibición conductual, la memoria de trabajo, la autorregulación emocional, la planificación, la
organización y la flexibilidad cognitiva.
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