Page 65 - KAROL DANIELA MORALES VERÁSTEGUI INFORME
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La investigación-acción permitió analizar estas manifestaciones conductuales desde
múltiples dimensiones como el personal, el didáctico, el interpersonal y el social y diseñar un plan
de acción orientado a atender sus causas y no únicamente sus efectos.
Trabajar las conductas disruptivas desde esta metodología implicó comprenderlas como
parte de la complejidad de la práctica educativa en educación especial, vinculándolas con las
características individuales del alumnado, sus condiciones de discapacidad y las barreras presentes
en el contexto.
De esta manera, la intervención no se concibió como un conjunto de acciones aisladas, sino
como un proceso intencionado orientado a mejorar la práctica docente, fortalecer las funciones
ejecutivas del alumnado y favorecer su participación activa en el aula.
Desde este enfoque, las estrategias sensoriales constituyen un recurso fundamental, ya que
permiten organizar la información que el niño recibe del entorno y responder de manera adaptativa.
De acuerdo con Ayres (2005), la Integración Sensorial es el proceso neurológico que organiza las
sensaciones del cuerpo y del ambiente para producir respuestas adecuadas. Cuando este proceso
se ve alterado, como ocurre frecuentemente en alumnos con TEA, discapacidad intelectual,
síndrome de Down, discapacidad motora o discapacidad múltiple, se presentan dificultades en la
atención, la conducta, la regulación emocional y el aprendizaje.
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