Page 21 - LAILA CAROLINA RAYGOA VALDÉS INFORME
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Además, es común la presencia de alteraciones en la comunicación no verbal,
tales como el contacto visual limitado, una expresión facial reducida, lenguaje
corporal poco expresivo o dificultades para interpretar gestos y expresiones
emocionales de los demás (Baron- Cohen, Tager-Flusberg & Cohen, 2000). Estas
dificultades limitan la adaptación a situaciones sociales y limitar la participación en
actividades colectivas, especialmente en entornos educativos y comunitarios.
Por otro lado, el TEA también se caracteriza por patrones repetitivos y
restringidos de comportamiento. Entre ellos se encuentran los movimientos motores
estereotipados (como aleteo de manos o equilibrio corporal), el uso repetitivo del
objetos o frases (ecolalia), la insistencia en rutinas específicas y la resistencia al
cambio. Este último aspecto puede provocar malestar intenso frente a pequeñas
modificaciones en el entorno o en la rutina diaria (South, Ozonoff & McMahon,
2005). Además, muchas personas con TEA desarrollan intereses inusualmente
intensos y específicos, que suelen ser absorbentes y detallados (Turner, 1999). Otra
característica relevante es la reactividad atípica a estímulos sensoriales, ya que sea
una hiperrespuesta (p. ej., molestias ante sonidos fuertes o luces intensas) o una
hiporrespuesta (aparente insensibilidad al dolor, por ejemplo). Este tipo de síntomas
sensoriales es frecuente y ha sido ampliamente documentado en la literatura
científica (Ben-Sasson et al, 2009).
Una de las características más relevantes del TEA es su gran heterogeneidad. El
espectro abarca desde personas con discapacidades intelectuales severas y ausencia
de lenguaje verbal, hasta personas con altas capacidades cognitivas que, sin
embargo, presentan dificultades para comprender las convenciones sociales o
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