Page 22 - LAILA CAROLINA RAYGOA VALDÉS INFORME
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adaptarse al entorno (Lord, Elsabbagh, Braird & Veenstra-Vanderweele,2020). En
función de esta variabilidad, el DSM-5 propuso un enfoque dimensional que
contempla niveles de apoyo necesarios para cada individuo, en lugar de
clasificaciones rígidas como en ediciones anteriores (APA, 2013).
Asimismo, es frecuente que el TEA coexista con otras condiciones del
desarrollo o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), ansiedad,
depresión, epilepsia, alteraciones del sueño y trastornos gastrointestinales
(Simonoff et al., 2008). Estas condiciones pueden influir significativamente en el
diagnóstico, los pronósticos y la intervención clínica, por lo que es fundamental una
evaluación integral y multidisciplinaria.
3.1.3 Diagnosticó
Durante décadas, la falta de criterios de diagnósticos claros dificultó el
reconocimiento y estudio sistemático del autismo. En muchos casos, los individuos
fueron diagnosticados erróneamente como esquizofrenia u otros trastornos mentales. El
cambio comenzó a tomar forma con la tercera edición del Diagnostic and Statistical
Manual of Mental Disorders (DSM-lll), publicado por la American Psychiatric
Association en 1980, donde se incluyó por primera vez el autismo como un diagnóstico
independiente bajo la categoría de “trastornos generalizados del desarrollo” (1980).
Este reconocimiento oficial permitió el desarrollo de instrumentos de diagnóstico
más específicos y una mayor diferenciación entre el autismo y otros trastornos del
desarrollo infantil. Posteriormente, el DSM-IV (1994) amplio la categoría incluyendo
varios subtipos: el trastorno autista, el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo
infantil, el trastorno generalizado del desarrollo no específico (PDD-NOS), y el síndrome
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