Page 23 - REYNA CHAVARRÍA GONZÁLEZ INFORME
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mediciones de conducta adaptativa para la descripción de qué habilidades deben presentarse

                  en distintos  escenarios  de la vida cotidiana (Hawkins & Cooper, 1990). Además,  en los
                  ochenta las medidas de evaluación de la conducta adaptativa continuaron siendo efectivas

                  para  desarrollar  programas  de  instrucción  y  preparar  a  personas  para  vivir  en  espacios
                  pequeños y elaborar programas transitorios para la vida adulta (Silverman, Silver, Sersen,

                  lubin & Schwart, 1986).

                         Finalizando el milenio, en los años noventa, la Asociación Americana de Retraso

                  Mental (AAMR, ex AAMD) (Luckasson et al., 1992) presenta su nuevo Manual, en el cual
                  sustituye el constructo de conducta adaptativa por el de “habilidades adaptativas”, el que de

                  acuerdo  con  Greenspan  &  Driscoll  (1997)  tiene  el  mismo  significado.  Por  otra  parte,  la

                  inclusión de la conducta adaptativa en la definición de la AAMD incrementó la urgencia de
                  generar  instrumentos  de  evaluación  para  el  diagnóstico  y  planificación  de  apoyos  en  la

                  práctica  educativa.  Esto  permitió  establecer  objetivos,  programas  de  formación  y  de
                  evaluación; de igual forma, la conducta adaptativa promovió la desinstitucionalización y

                  rehabilitación de personas con discapacidad intelectual en la comunidad (Nihira, 1999).

                         En la edición de 1992, las habilidades adaptativas son presentadas en diez áreas, las

                  cuales vienen enunciadas en un sistema descriptivo desarrollado por Ford (Ford, Schnorr,
                  Meyer,  Davern,  Black  &  Dempsey,  1989).  las  áreas  aludidas  son  las  siguientes:

                  comunicación,  cuidado  personal,  habilidades  de  vida  en  el  hogar,  habilidades  sociales,

                  utilización  de  la  comunidad,  autorregulación,  salud  y  seguridad,  habilidades  académicas
                  funcionales, ocio y trabajo.


                         Mercer  (1973)  enfatizaba  la  interacción  entre  el  individuo,  desempeñando  roles
                  sociales, y las expectativas de su contexto, Leland (1991) tendía a definirla más como el

                  ajuste  del  individuo  a  su  entorno.  Mientras  algunos,  como  Balthazar  (1973),  la  han
                  restringido a los aspectos más operativos de las habilidades de autonomía personal, otros por

                  el  contrario  han  propuesto  su  inclusión  en  marcos  teóricos  de  referencia  más  amplios,
                  vinculándola  a  dimensiones  contextuales  y  cognitivas,  como  la  inteligencia  social  y

                  conceptual, (McGrew, Bruininks y Johnson, 1996; Thompson, McGrew y Bruininks, 1999;

                  Schalock, 1998 y 1999).





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