Page 61 - ROCIO ALEJANDRA SALAS OROPEZA PORTAFOLIO
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Un aspecto relevante fue la ausencia de un diagnóstico claro durante gran parte del
proceso de intervención, en ese momento, se consideraba que el alumno únicamente atravesaba
por un cuadro de depresión y algunas dificultades conductuales; sin embargo, posteriormente se
confirmó que presentaba TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad), además
de que su edad madurativa no correspondía con su edad cronológica.
Esta situación evidenció la complejidad del caso y la necesidad de contar con
información más precisa para orientar de manera más específica las estrategias de intervención.
No obstante, esta experiencia también representó un aprendizaje significativo en mi formación,
ya que comprendí que la falta de un diagnóstico no debe ser un obstáculo para intervenir
pedagógicamente.
Por el contrario, durante ese periodo fue fundamental centrarme en la observación
constante del alumno, en la identificación de sus capacidades, ritmos de aprendizaje y
necesidades específicas, con el propósito de diseñar estrategias ajustadas a su realidad, esto me
permitió desarrollar una mayor sensibilidad y capacidad de adaptación, entendiendo que la
intervención educativa debe construirse a partir de lo que el alumno sí puede hacer, y no
únicamente desde una etiqueta diagnóstica.
En este sentido, reafirmé que el papel del docente implica actuar de manera oportuna y
flexible, incluso en contextos de incertidumbre, buscando siempre responder a las necesidades
del alumno desde un enfoque inclusivo, esta área de mejora, lejos de ser una limitante, se
convirtió en una oportunidad para fortalecer mi práctica, al impulsarme a reflexionar, ajustar y
enriquecer mis estrategias de intervención con base en la observación, la experiencia y el análisis
continuo del proceso educativo.
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