Page 38 - ROCÍO ISABEL HERNÁNDEZ CUÉLLAR INFORME
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Por su parte, Elliott (1993), define la investigación-acción como “el estudio de una
situación social con el fin de mejorar la calidad de la acción dentro de la misma”. Esto
significa que no se trata solo de investigar para obtener conocimiento, sino de hacerlo para
transformar la realidad educativa. Elliott destaca que este tipo de investigación se desarrolla
en ciclos que implican planificación, acción, observación y reflexión, los cuales permiten al
docente aprender de su propia experiencia y generar cambios concretos en beneficio de los
estudiantes.
En la misma línea, Kemmis & McTaggart (1988), describen la investigación-
acción como una forma de indagación autorreflexiva que realizan los participantes en
situaciones sociales, incluyendo la educación, con el objetivo de mejorar la racionalidad y
la justicia de sus prácticas, así como la comprensión de las mismas y de los contextos en los
que ocurren.
Para estos autores, la investigación-acción no solo busca mejorar lo que se hace,
sino también comprender por qué se hace y cómo influye en los sujetos involucrados,
promoviendo una práctica más consciente, ética y transformadora.
Y Lewin (1946), considerado el precursor de la investigación-acción, la concibe
como un proceso cíclico que integra planificación, acción y evaluación de los resultados.
Desde su perspectiva, la investigación-acción es una herramienta para resolver problemas
prácticos dentro de un grupo social, al mismo tiempo que produce conocimiento útil.
En conjunto, estos autores coinciden en que la investigación-acción implica un
proceso reflexivo, participativo y transformador, donde el docente asume el doble papel de
investigador y protagonista del cambio en su propia práctica.
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