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Capítulo 2 Marco Teórico

                       El juego simbólico constituye una actividad clave durante la primera infancia, ya que


                posibilita que los niños desarrollen destrezas cognitivas, socioemocionales, lingüísticas y motrices

                mediante la recreación imaginativa de roles, escenarios y objetos. Esta práctica lúdica se distingue


                por la capacidad infantil para emplear símbolos, como elementos materiales o palabras, con el fin

                de representar la realidad, lo que facilita la construcción de aprendizajes significativos (Abad &


                Ruiz, 2011; Álvarez et al., 2020; Cáceres et al., 2024; Jiménez & Salazar, 2010, citados por Paliza

                et al. 2025).

                       Gallardo-López & Gallardo (2018) señalan que mediante el juego simbólico se estimula


                la  creatividad,  la  resolución  de  problemas  y  la  interacción  social,  integrando  competencias

                esenciales para el desarrollo integral del niño.


                       Herrera-Occ & González-Soto (2023) señalan que el juego simbólico favorece el

                aprendizaje de los niños con trastornos del espectro autista, desarrollando   diferentes


                capacidades   y habilidades sociales y cognitivas., por lo cual, el juego simbólico ha

                representado un foco de análisis para comprender su abordaje dentro de los constructos de


                desarrollo humano; en tal sentido, partiendo de las premisas anteriores se plantea la siguiente

                interrogante


                       Se  ha  reconocido  que  el  juego  simbólico  es  una  estrategia  pedagógica  efectiva  para

                potenciar  el  aprendizaje  infantil.  destacan  que  el  aprendizaje  basado  en  el  juego  favorece  la

                calidad educativa y la inclusión social desde los primeros años (UNICEF, 2018; Espinosa, 2023).


                       Investigaciones  previas  han  demostrado  que  la  participación  en  el  juego  simbólico

                potencia las habilidades cognitivas, socioemocionales y lingüísticas, facilitando la adquisición de


                competencias para la vida académica y social (Bustamante et al., 2024; García, 2014; Otero et al.,

                2023; Peñafiel et al., 2024). Sin embargo, su implementación enfrenta dificultades, como la escasa

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