Page 130 - KAROL DANIELA MORALES VERÁSTEGUI INFORME
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Si bien ya reconocía la importancia de la autorregulación emocional, aún me resultaba
complejo interpretar cómo las dificultades en la atención, la memoria y la concentración estaban
estrechamente vinculadas con el procesamiento sensorial y el estado emocional de los alumnos.
Esto provocaba que, en algunos momentos, mi intervención fuera más reactiva que preventiva.
El primer ciclo de implementación me permitió identificar avances iniciales en los
alumnos, pero también evidenció áreas de oportunidad claras: tiempos de atención aún limitados,
dificultad para anticipar rutinas, dependencia del apoyo adulto y resistencia a los cambios en
algunos alumnos. A partir de la observación sistemática y la evaluación mediante listas de cotejo,
comprendí que no era suficiente ofrecer materiales sensoriales, sino que debía estructurar mejor
las actividades, anticipar las consignas, dosificar los estímulos y respetar los ritmos individuales.
Fue precisamente en este punto donde se produjo un cambio significativo en mi práctica.
La reflexión posterior al primer ciclo me llevó a replantear la intervención y a diseñar el segundo
ciclo con una intención pedagógica más clara: favorecer de manera directa las funciones
cognitivas de atención, memoria y concentración, utilizando las estrategias sensoriales no solo
como apoyo, sino como eje central del aprendizaje.
Durante el segundo ciclo, mi práctica se volvió más consciente, estructurada y flexible.
Aprendí a planificar desde la función cognitiva que quería favorecer, y no únicamente desde la
actividad.
Por ejemplo, comprendí que observar secuencias con botellas sensoriales no era solo una
actividad visual, sino una oportunidad para trabajar memoria visual y atención sostenida; que
manipular slime implicaba fortalecer la concentración y la tolerancia sensorial; y que repetir
patrones con globos sensoriales favorecía la memoria procedimental.
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